Quién más, quién menos, tiene una penda fetiche de la que, por mucho tiempo que pase, no está dispuesta a deshacerse de ninguna de las maneras.
Esa prenda fetiche es, para mí, las botas que hoy llevo puestas.
Me las trajo mi marido de uno de sus viajes a Milán hace ya millones de años y, todos, absolutamente todos los años, me las pongo porque me gustan, porque lleves lo que lleves estás perfecta con ellas y, porque no necesitas nada más para sentirte diferente y para acaparar las miradas.
Vosotras también tenéis algo de lo que no os desprendéis ni con aceite hirviendo???